La deuda, a la vista
Quién debe qué mes, en una lista. Quien siempre paga tarde deja de ser una sensación y pasa a ser un dato.
Bonos y cuotas
El bono se descuenta al reservar y avisa antes de caducar. La cuota emite su recibo cada mes y la deuda queda a la vista.
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La vida de un bono
Un bono de diez clases pasa por cuatro momentos, y en ninguno hace falta que lo lleves tú de memoria.
De cinco o diez clases, con su caducidad y válido para los servicios que tú elijas.
Cada reserva gasta una sesión, y la misma sesión no se puede gastar dos veces.
Si cancela dentro de tu plazo, la sesión vuelve al bono y queda el rastro del cambio.
Unos días antes de caducar, un correo le recuerda lo que le queda. Los días los pones tú.
Los bonos van desde el plan Estudio. Las cuotas, desde el primero.
Cada mes de cada alumno es un recibo, así que la deuda se puede mirar, cobrar y perdonar.
Quién debe qué mes, en una lista. Quien siempre paga tarde deja de ser una sensación y pasa a ser un dato.
Si alguien deja 40 € de los 80, se apunta y la deuda baja 40. No hay que esperar al pago entero.
Queda escrito con su motivo, y no cuenta como cobrado: los ingresos no se inflan.
La cuota va de fecha a fecha, o por mes natural con la primera prorrateada si así cobras tus grupos.
El precio se copia al dar de alta. Si subes la cuota, quien ya estaba sigue con la suya.
Desliza para ver las 4.
Cómo lleva Aforo los bonos y las cuotas, en un párrafo.
En Aforo, un bono de clases es un saldo de sesiones con caducidad que se descuenta solo cada vez que su dueño reserva.
La misma sesión no se puede gastar dos veces, cancelar dentro del plazo del taller la devuelve al bono, y antes de caducar sale un aviso por correo con los días de antelación que elija el negocio.
Las cuotas mensuales funcionan distinto: cada mes de cada alumno es un recibo propio, así que la deuda es una lista que se puede consultar, cobrar entera o a medias y perdonar dejando escrito el motivo.
El período va de la fecha de alta a la misma fecha del mes siguiente, o por mes natural con la primera cuota prorrateada.
Aforo no domicilia recibos en el banco: el pago entra por Stripe o Redsys, o se apunta cuando alguien paga en el taller.
Si cancela a tiempo, la sesión vuelve a su bono; si cancela fuera de plazo, se pierde, igual que se perdería el dinero.
El bono sigue la misma política de cancelación que tengas para los pagos: si a esa hora te tocaría devolver el importe, le devuelves la sesión.
Así cancelar con dos semanas de antelación no le cuesta una clase a nadie, y avisar una hora antes tampoco te deja la silla vacía sin compensación.
Al devolverlo, el canje se revierte: en la ficha del alumno queda que la usó y que se le devolvió, con la fecha, y el bono cuadra por las cuentas y no por casualidad.
Y aunque se reserve a la vez desde la web y desde el mostrador, el bono nunca se queda en negativo, porque el descuento y la comprobación del saldo van en la misma operación.
Cada mes de cada alumno es un recibo con su importe, y la deuda son los recibos que quedan sin pagar.
Por eso se puede auditar: sabes qué mes debe cada uno, desde cuándo y cuánto le falta.
Cuando alguien paga, se apunta sobre su recibo, entero o a medias, en el mismo libro de caja que las reservas, así que la caja del día cuadra con lo que hay en el cajón.
Si decides no cobrar un mes, lo perdonas dejando escrito el motivo, y ese mes no cuenta como ingreso.
El precio se copia al dar de alta, de modo que una subida no se aplica sola a quien ya estaba dentro.
Y la pantalla de lo que queda por cobrar estos días te dice a quién preguntar sin tirar de memoria, que es justo la conversación incómoda que se intenta evitar.
Sigue por las otras partes de Aforo: reservas y calendario, cobros sin comisión, seguimiento de piezas, preinscripción por antigüedad y las 58 funciones.
En la demo cargamos un bono y una cuota como los tuyos, y ves la deuda del mes tal y como la verías tú.
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